35730660-1 Alas de agua: Capítulo 2 (Parte I)

2 de diciembre de 2012

Capítulo 2 (Parte I)

Sam

-¡Sam, Sam, Sam! –Me aclama medio colegio (mejor dicho la parte femenina de este). Miro al frente y los veo. Pobres ilusos, ¡tratando de defender inútilmente su portería! Pero cualquier esfuerzo por su parte es en vano. Pues regateo sin apenas esfuerzo a una, dos y tres personas. Apunto a portería y...
-¡Goool! –gritamos todos los de mi equipo. Yo sonrió con suficiencia, cada día me lo ponen más fácil. Me giro y les guiño el ojo pícaramente a las chicas, a lo que ellas responden sonrojándose a más no poder y murmurando entre ellas. Me dirijo a los chicos del equipo contrario y le doy la mano a mi homólogo, como buen capitán que soy.
-¡Joder, tío! Nos has destrozado. Ja, ja, ja. –comenta él con una alegría teatral y apretando fuertemente mi mano.
-Bueno, bueno. Sin rencores, ¿eh? –le respondo con una falsa sonrisa y devolviéndole el apretón. 
Este tío (y, en realidad, todo su equipo de chuchos falderos que siempre le ríen las gracias) me cae fatal, siempre me reta a un u otro jueguito estúpido para demostrar que es mejor que yo. Podría simplemente pasar de él y dejarme de tonterías, sin embargo tampoco le digo nunca que no, porque mi orgullo no me lo permitiría.
–¡En fin! Yo ya me marcho a casa, que tengo cosas más importantes que hacer que derrotarte de nuevo. Nos vemos. –le digo a Cooper muy seguro de mi mismo. Cojo mi cartera y me dirijo a mi mejor amigo.– Vamonos de aquí, Héctor.  
Mientras nos dirigimos hacia nuestras respectivas casas mi mejor amigo me recuerda lo brillante y estupendo que ha sido “El Gol”.
-Tío, ¡como les has dejado a todos! –me dice.– ¿Y has visto que cara se le ha quedado a Cooper? Era de risa. Ja, ja, ja. ¿Y has visto a las chicas? Estaban todas entusiasmadas y cuando lo del guiño, ahí lo has bordado. –Me mira con cara de pillín y pregunta– Con lo popular que eres, ¿para cuando la novia?
-¡Por Dios! ¿Se puede saber por quien me tomas? –Le replico algo mosca.– ¡Tse! A mí no me interesan esas cosas, lo sabes de sobra. ¡Por cierto! ¿Y tú qué? –replico con la misma expresión que tenia mi amigo segundos antes.– ¿Qué tal te va a ti con tu chica, Lucy, creo? 
Y entonces mi sonrisa picara se transforma en una de suficiencia, a sabiendas que he dado en el clavo. Pero supongo que él no lo admitiría, es demasiado reservado para ese tipo de cosas. 
Mi mejor amigo se llama Héctor Gómez Sánchez y, al igual que yo, vive en Debut y estudia primero de bachillerato en la clase B. Si tuviera que describirlo diría que es un tipo algo excéntrico, con el pelo rubio lacio y hasta los hombros que le tapa la cara con el flequillo, los ojos negros como el carbón y una gran inteligencia. 
En cuanto a su “fichaje”, se trata de Lucy García López. Es una chica algo tímida y reservada (¿os recuerda a alguien? En efecto, ¡a Héctor!), pero con una presencia elegante y carismática. Hace como dos meses que llego y causo un gran revuelo. La chica apareció en el instituto y resulto que estudiaba en una escuela por primera vez en su vida (anteriormente había dado clases particulares en su casa y recientemente se había trasladado a Debut). En cuanto a su físico... ¿qué puedo decir? Su pelo llega hasta un poco más debajo de la cadera, de color rubio, completamente liso y lacio y con un flequillo recto. Sus ojos son de un bonito color azul cielo. Pero, a pesar de todo, siempre parece preocupada por algo y no tiene demasiados amigos (por no decir ninguno) porque cada vez que alguien de clase se le acerca ella simplemente lo ignora con mucha elegancia. Supongo que es el tipo de chica “misteriosa” que le van a mi amigo. 
A todo esto, mi amigo se había puesto rojo como un tomate y estaba empezando a balbucear cosas sin sentido como “yo... yo... no es verdad... porque... porque... esto...”. ¡Madre mía! Será mejor que le corte ya, antes de que se pase una eternidad así.
-¡Que sí, que sí! Dejémoslo en que te pica la curiosidad por saber porqué es tan rarita y punto. ¿Está bien?
-¡Va... Vale! –responde mientras su sonrojo desaparecía poco a poco.– Por cierto, ¿tú no tenias que hacer algo esta tarde? Como en el recreo te llamó tu abuelo, pues pensé que... –pregunta mi amigo con mirada curiosa. 
-Pues no recuerdo... ¿Qué seria? –me detengo y miro al cielo esperando que la respuesta me caiga en la cabeza como lo hacen las hojas en otoño.– ¡Ah! Que se iba hasta las ocho de la noche a casa de unos amigos, en el pueblo. Y... me parece que dijo algo sobre una visita o algo parecido. –me esfuerzo por recordar, pero las palabras no me llegan.
-Da igual, no sería tan importante. Además, no te he preguntado... ¿Qué quería Sandra a la hora de comer? ¿Lo mismo que todas las chicas del instituto? –pregunta mi amigo conociendo ya la respuesta.
Suspiro y asiento. Todas las chicas del instituto me han preguntado salir, citas o chorradas de esas. Como podréis haber comprobado soy muy popular, tanto entre chicas, que me adoran, como entre chicos, que me admiran, así que estoy bastante acostumbrado a ese tipo de cosas. Llegamos al cruce que separa nuestros caminos y me despido de Héctor con un “hasta mañana”, a lo que él me responde asintiendo con la cabeza.