35730660-1 Alas de agua: Capítulo 2 (parte III)

17 de diciembre de 2012

Capítulo 2 (parte III)

Sam

Mientras llego a casa os contaré más sobre mi pueblo y sobre mí. Me llamo Sam Rodríguez Gebat, practico todo tipo de deportes y en las clases no me va tan mal. Tengo 16 años, el pelo castaño oscuro, ojos grises y vivo con mi abuelo José en una casa a media hora del pueblo (de hecho, es la casa que esta más lejos de todas). 
Mi pueblo se llama Debut y esta situado a tres horas de la ciudad más próxima y rodeado de bosques. Resumiendo; el colegio esta a media hora de mi casa porque para llegar tengo que pasar por un largo camino de tierra que atraviesa el bosque. ¡¿A que iluminado se le ocurrió construir una casa tan lejos del pueblo, a ver?! 
¡En fin! Pues eso, que lo único que veo ahora mismo son conejos huyendo, bichejos de todas las especies, árboles y más árboles, pájaros que vuelan, una tela rosa que se mueve y... ¡un momento! Retrocede y para, le ordeno a mis pensamientos. Lo de la tela rosa no es normal, quizás sea un vestido arrancado de algún tenderete del pueblo. Voy a ir a buscarlo para devolvérselo a su dueña. Me adentro en el bosque para recuperarlo, pero se pone a llover. 
¡Maldita sea, me estoy mojando! Quizás me refugie como ha hecho el vestido debajo de un tronco... ¡Oh, pero eso no puede ser porque...! Hecha a correr de nuevo. ¿Y si es un ladrón? Perfecto, en cuanto lo pille le pienso dejar K.O. ¡Si, señor!
Corro, corro y la sigo (parece que tiene el pelo largo, así que será una chica). Cuando le vea la cara le cantaré las cuarenta, ¡cómo se atreve una chica a venir por mi casa! ¿Qué diablos se le ha perdido, eh? Se gira hacia mí por un segundo antes de llegar al lago, parece que no me ha visto. Mi respiración esta agitada por la carrera y la lluvia que cae sin cesar me pega el pelo a la cara. Me acerco por su espalda dispuesto a echarla del bosque, pero ella se gira y...
 ¡PUMMM! 
Mi vista se vuelve borrosa y caigo. 
Todo se vuelve negro. 
Recuerdos. Miro a mí alrededor, me encuentro en un lugar oscuro y frío. Recuerdos. La humedad me envuelve con sus cadenas de soledad y desesperación, sin dejarme escapar. Recuerdos. Mi respiración se torna descompasada y mis pupilas se dilatan en busca de un rayo de luz. Recuerdos. Oigo el sonido del viento meciendo las hojas que siempre me pareció tranquilizador y relajante, aunque ahora solo me parece terrorífico y espeluznante como el aullido de una manada de lobos hambrientos deseosos de carne y sangre. Recuerdos. Tengo miedo, mejor dicho; estoy aterrado. Porque negarlo. Me encuentro solo y perdido en el mundo de las sombras y en mi mente solo cabe un pensamiento; “sálvame... sálvame... por favor... haz que desaparezca esta... oscuridad”.
Recuerdos y más recuerdos.
De repente siento como una luz le gana terreno a la oscuridad y rompe las cadenas que como espinas dominaban mis sentimientos. Sigo notando el frío en los huesos, pero no me importa, porque esa calidez que envuelve todo mi ser me alivia. Oigo una voz dulce y melodiosa que me susurra de lejos. Debo concentrarme para oírla. Y, entonces, distingo las letras y palabras que me dice “despierta... ¡oh, por favor!... despierta...”. Y lo hago, abro los ojos y (con la mirada aun borrosa) la veo. 
La chica más hermosa del mundo.
Observo con detenimiento y fascinación a la mujer que ha sido capaz de librarme de las ataduras de esa horrible oscuridad con su calor. Tiene el pelo castaño claro y ondulado atado en dos coletas que le llegan hasta la cintura, como cascadas de bronce que caen desde su rostro. Lleva un precioso vestido rosa y blanco de gasa y sus ojos... son de un tono verde oliva como tiernos brotes de almendro en primavera, juguetones e inquietos, pero a la vez tristes y solitarios. Las gotas de lluvia le han mojado por completo, disimulando las lágrimas que poco a poco caen de sus hermosos ojos y se precipitan sobre mi cara. Y aunque parezca que he pasado mucho rato observando su belleza y notando su dulce aroma a jazmín, apenas han sido dos o tres segundos. Rápidamente adopto la pose que me caracteriza de tío-súper-popular-y-pícaro-que-pasa-de-todo. Entonces ella se da cuenta de que he recuperado la conciencia y empieza a hablar.