35730660-1 Alas de agua: Capítulo 6 (Parte I)

13 de julio de 2013

Capítulo 6 (Parte I)

Lucy

Podríais pensar que todos lo días son iguales al resto, que no hay nada especial en ellos. Pero no es así, un día te puede cambiar la vida por completo, una hora hacer especial el día, un minuto diferenciar las horas y pocos segundos cambiar un mundo. 


Esta mañana me levante pensando ¨otro aburrido día comienza¨ y, ahora, tumbada en mi cama de nuevo, pienso; ¨deseo que llegue mañana¨. 
Parece increíble como los acontecimientos de un solo día pueden llegar a cambiar a una persona. 
Imposible, pensareis. 
Pues no más lejos de la verdad, ya que el de hoy ha sido uno de los más felices y alegres de mi existencia. 
Todo gracias a una gentil persona que no tomó el fácil y sencillo camino de ignorar y se decidió por el complejo y difícil de ayudar. Ella, inocente pero temperamental; alegre y comprensiva; amistosa y habladora; soñadora y servicial. Ella, Elisa, mi nueva mejor amiga. 
Voy a relataros con la mayor precisión posible los hechos sucedidos durante el día de hoy, el día en que la conocí.
Todo empezó esta mañana. Me desperté en mismo instante en que los cálidos rayos del sol entraron por mi ventana, me vestí y arregle mi cabello con calma frente al espejo. Salí de mi habitación y me dirigí a la cocina, donde desayuné abundantemente sentada en la mesa. A continuación, me senté en el balcón a leer un libro y, más tarde, recogí mi cartera y me dirigí a paso lento y tranquilo hacia el instituto. Mentalmente iba repasando las lecciones anteriores para estar al día. 
Camino por la cuesta, cruzo la enorme verja de hierro forjado, subo las escaleras hacia el interior del edificio, recorro el pasillo esquivando los holgazanes estudiantes que se negaban perezosamente a entrar en clase, abro la puerta corredera que da a nuestra clase y entro. Me acerco a mi pupitre y coloco mi cartera blanca y roja sobre este. Me siento recatadamente, juntando los tobillos en el lado derecho de mi silla. 
Espalda recta, mirada al frente y hombros firmes.
Cojo mi novela preferida y miro mi reloj. Son las 8:45. Abro mi novela y comienzo a leer. Entran unos cuantos de mis compañeros de aula, pero nadie me dirige la mirada. Solo el chico que se sienta detrás asiente con la cabeza al pasar por mi lado, parece más serio que el resto de adolescentes sobre-hormonados del recinto que se alegran los días de viento porque pueden ver alguna que otra ropa interior en un descuido de las chicas. 
Realmente me atrae, pero no puedo acercarme a él. ¿Acaso no sería atrevida y grosera al presentarme a él de repente? Medio minuto antes de las ocho en punto aparece Sam. 
¿Qué cómo conozco su nombre? 
Bien fácil, es nombrado a todas horas y en todo momento por todos los miembros del instituto. Todos lo admiran, respetan o idolatran de algún modo. A mí ni me va ni me viene, no creo que deba desperdiciar mi tiempo con él. Sam se acerca a su mesa con paso tranquilo, como si no le importara demasiado haber llegado justo a clase. Se pone a conversar con su compañero, mientras juguetea con su silla. ¡Que insensatez, maltratar de ese modo el mobiliario de un centro estudiantil! Obviamente no pondré su conversación, pues no la he escuchado. A mí las conversaciones ajenas ni me incumben ni me importan. 
Espalda recta, mirada al frente y hombros firmes.
Entra nuestra tutora, la señorita Sandra Graudino y nos anuncia la llegada de una nueva alumna. Si mal no creo recordar la última llegada a esta clase fui yo. 
-Me llamo Elisabeth Romero Muntesconi, pero podéis llamarme Elisa. -dice ella con una cálida sonrisa.- Encantada de conoceros a todos.